jueves, 21 de julio de 2016

Los Estados no quiebran.¿Y los ciudadanos ?

En el  artículo pasado comentaba sobre la ola progresista y su decadencia.

Esta corriente que se autodenominó con ese título así mismo, reunió una serie de países en el sur de América que, con distintas fórmulas, iba a erradicar todas las maldades de los gobiernos neo- liberales de los ochenta y noventa.
Es decir que, pobreza, atraso en la enseñanza, deuda externa, dependencia del gran capital extranjero, volarían por el aire como un muñeco de papel, empujado por las "grandes masas" que ya empezaban a gobernar.

Así Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Bolivia, Ecuador y la ruidosa Venezuela, prometían una nueva era.
Socialismo siglo XXI, programa nacional y popular, encuentros progresistas, fueron títulos que llenaron de esperanza y optimismo a numerosos sectores de la población sufriente de América Latina relegada en su desarrollo.

La misma que había padecido las crisis monetarias, las devaluaciones inesperadas, los créditos abusivos, y las deudas impagables, elementos todos surgidos desde la caída de los gobiernos militares hasta la entrada en una democracia flaca y temblorosa, luego de los nefastos años 70 y 80, del siglo XX.
La expectativa post dictaduras en América Latina se imbuían  de la mano de planes privatizadores, con expectativa por la llegada de capitales externos, necesarios a la hora de crear naciones modernas y competitivas en los duros mercados internacionales.
La marejada fue lentamente barriendo a partidos políticos, carentes de líderes audaces para emprender las modificaciones impostergables, en Estados cada vez más caros e ineficientes.

La primavera surgida después de la caída de las dictaduras en la totalidad de América Latina,daba paso al descreimiento, al exilio y la desazón.

Chile era una oasis. Desde la salida militar sus gobiernos de coalición izquierdista, parecían mostrar otro camino. Eso si, sin abandonar para nada la economía del mercado, sin atreverse a bautizar su experiencia como la de un socialismo de nuevo tipo.

Poco influyó en el resto de sus países hermanos.
Su idiosincrasia cultural, tal vez la enorme cordillera que lo separa de los vecinos, la hizo mirar más a Europa que a las distintas alianzas que ya circulaban en el resto de la América Latina.

El surgimientos de líderes con presencia creciente en los países sudamericanos, comenzó a crecer.
Los Kirchner, Chavez, Morales, T.Vazquez, Correa, no solo ganaron los gobiernos de sus países, sino que detrás de un "abundante programa" de reformas y mejoras, conquistaron por más de un período la permanencia en el poder, en sus respectivos países.

Y los ayudó una nueva era en los mercados mundiales:luego de las grandes crisis bancarias e hipotecarias en los países desarrollados, locomotoras del capitalismo mundial, hubo un gran cambio en la estrategia de sus economías.

No más intereses altos en la banca ( algo que dejaba a muchos tenedores de dinero, perezosos y con poca voluntad de inversión), no más mercados cerrados.

Buscando nuevos horizontes para salvar sus crisis, encuentran ellos y nosotros, los países pobres, un gran aliado: China, la que posee millones y millones de consumidores, se larga a comprarle al mundo todo lo que necesita para crear un nuevo status.

Una nación poderosa, moderna y con sectores de alto poder adquisitivo, surge del ostracismo, como la gran salvadora.

La China de Mao cambio su visión del mundo y se abrazó al capitalismo. Eso si sin dejar de ser un Estado cerrado, sin libertades,  y con una férrea disciplina para sus ciudadanos "comunistas".

Ya importó poco la política de Derechos Humanos impulsada por el pionero en la materia; J.Carter. cuando ejercía la presidencia de EEUU.

Importó poco y nada los -derechos humanos- a los numerosos gobiernos de izquierda en el poder dentro de América Latina, impulsores de juicios y condenas a los duros militares de los 70 y ochenta.

China compraba y allá fueron TODOS!

Al inicio de esta marejada, para quién tuviera 20 u 25 años, el mundo brillaba.
Crecían las posibilidades para que, al fin y después de tantas promesas, el sueño de una América Latina rica, generosa, llena de oportunidades, se concretara definitivamente.

Las arcas de los Estados, se llenaron.

Crecieron las reservas, las calificadoras internacionales, ahora como buenos alumnos, nos daban las mejores notas.

La excepción era la Argentina: que se negó siempre a pagar lo que estaba pactado con sus inversores.
Igualmente como país prodigioso con reservas naturales enormes, se dio el lujo de crecer en base a sus propias fuerza; aún radiada del mercado internacional de las finanzas. 

Así pues las izquierdas con distintos lideres y objetivos similares, comenzó a predominar en la mayoría de la América del Sur.

Todos ellos tuvieron un denominador común.

Ninguno rompió con el capitalismo.
Al contrario, algunos de sus equipos económicos, cuando se constituían, en sus primeros actos, estaba la foto frente al Capitolio, o la Casa Blanca.

El viaje inevitable al enemigo de ayer: EE.UU.

Hubo excepciones, claro Venezuela ensayó ser lo más parecido a Cuba: todo en manos del Estado, férreo control de la prensa y hasta una policía a la cubana, cuyos asesores, caminan hasta hoy por las calles venezolanas, quizás en pago de todo el petróleo que desde, la era Chávez, le regalan a la isla.

Chávez el líder más visible en esa primera época de triunfo "progresista", manda dinero y asesores allá adonde quiere.

La recientemente caída en desgracia Dilma Ruseff en Brasil, los tenía en sus despechos.

El común denominador de los nuevos gobiernos donde, la izquierda llegaba al poder, con una muy buena cantidad de votos, algo impensable treinta años atrás, es que, a grandes rasgos el Estado iba a tomar un protagonismo crucial.

En atender a los más rezagados, en controlar cada inversión que llegara a sus arcas, para por fin, implementar los planes tan anunciados de asistencia a los más necesitados.

Para tales fines se implementaron controles impositivos que fueron estrictos.

La evasión de antaño iba a ser rigurosamente perseguida.

Nadie podía ser -egoísta - y eludir lo que debía pagar al fisco.
Para este fin, se estableció una nueva legislación; la que se aprobaba fácilmente, gracias a amplias mayorías obtenidas en los diferentes Parlamentos.

En cada país la experiencia tuvo diversidad.

Muchos  retomaron servicios privatizados en la era de los noventa y se fortalecieron aquellos que, como en Uruguay seguían en manos del Estado.

En dicho país por medio de numerosos plebiscitos, ganados hasta con la alianza de líderes opositores, el Estado comenzaría una modernización, que en muchos casos fue exitosa.

Abajo en los estratos más olvidados de la sociedad, la vida empezó a ser un poco mejor. Y se logró sacar de la indigencia a miles de ciudadanos.

Arriba no hubo más remedio que otorgar facilidades, exenciones para que el empresariado local y el que venía del exterior, invirtiera.

Allí todos los países que parecían hermanos en su ideología, compitieron duramente, por atraer al capital que veía en América del Sur, un nuevo mar de oportunidades.

Quizás y sin quizás el conflicto más notorio fue el de Argentina y Uruguay. En pos de captar a capitales filandeses que proyectaban una gran papelera, los argentinos, en represalia, cerraron uno de los principales pasos fronterizos con su vecino Uruguay, por más de cuatro años.

El mismo gobierno argentino que había colaborado enormemente para que por primera vez, triunfara la izquierda en Uruguay en el 2004, terminó demandando a su país "hermano" en un tribunal en La Haya, para que resolviera el conflicto.

El episodio terminó mal para la Argentina que, además a causa de su voracidad fiscal, empujó a muchos de sus ciudadanos a que plantaran soja, en Uruguay, donde los beneficios eran mayores.

Doble penitencia a la soberbia de los K

Pero en general la izquierda cerró filas entre si; Venezuela, Ecuador Bolivia, Brasil, Nicaragua Chile y Uruguay, comenzaban a formar una red que prometía una nueva América.

Miles de ciudadanos lo creyeron así y por más de dos períodos,(en algunos países casi veinte años) pusieron su voluntad favorable en las urnas, tan esquivas en las décadas pasadas.

Las banderas que empezaron por los DDHH, siguieron por la igualdad de oportunidades, castigar al cruel capitalismo y una revisión de la historia lejana y/o reciente.

Decidieron todos, ellos los nuevos libertadores, contarle la -verdad- a sus pueblos.

Una nueva Historia.

La marejada, que quiso ser ola, no llegó a la orilla.

Venezuela tal vez, comenzó a emitir señales de culto a la personalidad, de despilfarro en las cuentas del Estado, justo cuando el petróleo, como la soja y otros productos de exportación, llegaban a máximos históricos, en sus precios.

Malas señales que también pasaron por un exacerbado deseo de reformar las vetustas Constituciones que no dejaban reelegir presidentes, limitando a los heroicos gobernantes.
Pensaron en un " reinado" democrático para muchos tiempo. 

Ora por el Imperialismo, ora por las "clases dominantes", llamadas oligarquías en el pasado.

Todos estos países se sentían cómodos y abanderados de un nuevo mundo: votos a granel, mayoría parlamentaria casi aplastante, economías con ingresos creciente, batiendo récords históricos. Nula o escasa oposición de Partidos políticos añejos que se evaporaban, hasta casi desaparecer, como es el caso en Uruguay del Partido Colorado con más de cien años de existencia.

Qué más se podía pedir?

Pero el mundo sigue andando como dice el dicho popular. Y los avances tecnológicos nos ponen frente a un nueva realidad, que es imparable.
Internet, el avance digital, la investigación científica sobre enfermedades y tópicos que hace a nuestro avance como especie, no se detiene ante ninguna ideología.

Llegó para quedarse y seguir de largo.
Y ahora la mal llamada globalización, nuevo enemigo declarado por las izquierdas triunfantes, ya no permite que un Continente se aísle.

Que un país gobierne impulsando a sus ciudadanos a que cierre los ojos ante los avances de la nueva Era.

Y hasta China manteniendo un Estado férreo y de gran control sobre sus millones de ciudadanos, debió ceder.

Las marcas conocidas del malvado mundo capitalista, ya están allí, cómodamente instaladas!

Para colmo de males un enorme caballo de Troya se entrometió en todos los gobiernos de la izquierda latinoamericana.

LA CORRUPCIÓN.

La tan criticada avaricia y egoísmo propio de los humanos. Especialmente cuando son gobernante y se quedan, hasta 20 años en el poder.

Muchos de dichos gobiernos con grandes mayorías, ya no se sintieron obligados  a dar cuenta de sus actos administrativos.
Pulularon los nombramientos de personas que no eran idóneas para cargos vitales en la vida de sus pueblos.

Ante las primeras crítica, negaron; cuando están fueron creciendo y el ruido hoy es muy grande, personalizaron los errores, para salvar "El Proyecto"; "El programa popular", la nueva Historia que ellos estaban escribiendo.

Hay matices y extremos en el desborde de la ola.
Venezuela y Argentina a la cabeza del peor ejemplo. Brasil, Ecuador le siguen y aún falta saber la verdad total. Chile y Uruguay un poco más lejos del desastre total.

Pero eme aquí Señor: " todos hemos pecado"

Claro algunos nunca entendieron elementos fundamentales de la modernidad y mucho menos de lo que es La Democracia.

Todo pueblo que intentó frenar el progreso, el avance de nuestra civilización, por el método que sea, fracasó!

La Democracia es el sistema de organizarnos que mejor ha funcionado, hasta hoy, nos guste o no.

Sabemos que no es perfecta.

Pero permite el libre tránsito de las ideas y de las personas.

La libre expresión política y religiosa en toda su extensión inimaginable decía el gran José Artigas.

Permite y exige la rotación en el poder, lo que evita el armado de pequeños grupos que se apoderan de nuestros bienes y derechos.

Exige división de poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, para que con equilibrio, los actos de los gobernantes y la vida de cada persona, de cada familia esté garantizada en su pleno desarrollo.

Exige por el fin el libre voto SECRETO, cada cuatro u cinco años, para que evaluemos reafirmemos o cambiemos a nuestros gobernantes, y obtengamos así la mejor felicidad en  nuestros pueblos.

Y estas premisas deben observarse en todas las instituciones que componen la vida de nuestras naciones.

Las izquierdas con  mayoría en América Latina, terminan su famosa "ola".

Se tragaron varios pasos de los aquí mencionados.

Hoy con menos ingresos en sus Estados, menos votos de sus antiguos seguidores, menos tolerancia para las opiniones diferentes, se ven envueltas en una "marejada" de barro.

Sumado a una creciente y vergonzosa apropiación de los dineros públicos, o sencillamente con una pésima administración, la caída es inevitable.

No hay a la vista amenaza militar ni imperialista que justifique, como antaño, ninguna de estas in- con- ductas!

Simplemente llego la hora de irse!

Es de esperar que lo hagan sin violencia, sin odio, y priorizando que la vida y la felicidad de cada uno de los ciudadanos en la América del Sur, es el motivo principal, para un retiro en orden y en PAZ!

Pero los Partidos que regresen al poder o hagan su primera experiencia en él, ya no podrán caer en los errores de los ochenta y noventa, del siglo pasado.

No hay lugar para improvisados, no hay espacio para más componendas.

La ciudadanía dotada de un enorme poder, con nuevas redes sociales, los nuevos agrupamientos reivindicativos, agrupados de una manera nunca vista, serán un juez implacable, a todo gobernarte que los ignore.

¡La voluntad popular y universal, premia y castiga, tarde o temprano, a los trasgresores de todos nuestros derechos!





    







  











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