martes, 12 de abril de 2016

Papeles, papeleos y papelones.-

Sin duda que las "denuncias" rimbombantes sacuden, en los últimos tiempos, la modorra de las noticias que se dan en cada país del mundo.
Es que éstas se repiten con una letanía que adormecen a lectores cada vez más huidizos y perezosos.

Por increíble que sea, homicidios, rapiñas, robos y hasta atentados de alto impacto, forman ya parte de una geografía en la prensa escrita, oral y televisiva, que conmueve a muy pocos. 

Por lo tanto la vida de "los otros" pasó a ser más entretenida, especialmente cuando las mismas, encierran actos prohibidos, escondidos o reñidos con la supuesta Ley del Orden Social Globalizado.

Ninguna novedad hasta aquí. Es de la manera que visionarios de la T.V. en el mundo, han fundado sus programas estilo Gran Hermano o Intrusos, (entrometidos debería decirse), en algún país cercano y que arrastra gran parte de la audiencia.

Y esa si que es una lucha comercial de antaño, la audiencia: mírame  a mi y no al otro canal; lee mis artículos y no los de mis colegas; escucha mi radio y no las otras frecuencias.

Comercialmente a muchas empresas de la comunicación, les va la vida en esa competencia.

Pero desde la famosa "filtración" en EEUU donde un informe periodístico, surgido de investigación previa por el FBI, logró hacer renunciar a un presidente, fama e información, información y poder, quedaron en la manga de muchos diarios, periódicos y lógicamente los periodistas.

El espionaje no es nuevo y desde la última cena de Cristo cuando señala que uno de sus discípulos lo traicionará, hasta nuestros días, se ha perfeccionado mucho.

Lo que es nuevo si es la modalidad. Ahora ya no se espera que pasen años para desclasificar datos "robados" al enemigo. Ahora se actúa en tiempo real, pues como decía en párrafos atrás, las primicias valen. Y valen mucho, son la vida o la muerte de la prensa o de ¡algunos periodistas! 

Y hago aquí un aparte para explicar lo obvio. Antes se decía con toda la fuerza de la palabra que un espía ya en su rutina o puesto en las filas del enemigo a propósito, "robaba" información, eso si siempre vital, para nuestra supervivencia.

Ahora el término fino, modernizado, salido de las grandes universidades mundiales es: "filtrar".

La elegancia de la palabra nos puede llevar a engaño.

Quizás sea porque ahora hay millones de "papeles" en juego, que representan dinero, mucho dinero del bueno y del malo, es que nos hemos puestos delicados, para mencionar el mismo fenómeno.

Pasando el limpio: hubo en un estudio famoso de Panamá un funcionario resentido o puesto allí adrede, quien "robó" información.

Mucha información usando el tradicional método de interceptar comunicación ajena - lo que se supone es delito - y la entregó ( debo decir ¿la vendió?) a un diario alemán.

Un diario del cual se sabe poco y a nadie le importa su orientación, pero si es de suponer que tiene intereses, no entrega la preciada información a la Justicia de ningún país. 
Faltaba más, para eso están ellos, ¡los diarios!

Se la da a 300 periodistas, que también algún interés tienen, menos el de salvar al mundo, eso no se cree nadie, los estudia (?) y decide difundirlos.

Los papeles que hubieran llevado mucho papeleo en cualquier juzgado del mundo, ahora son un papelón para cientos y cientos de personas de notoria actuación mundial.
Que son culpables ya solo por aparecer en documentos declarados de antemano como ilícitos.

Es decir ya los 300 periodistas y sus diarios juzgaron, ¡allí no se menciona a Ningún Inocente!

Todos los nombrados serán literalmente linchados por la "opinión pública" y aunque haya inocentes y nombres mal puestos ( ya hay un uruguayo que, se llama parecido pero no es el mismo), la lista es como mandar al patíbulo a gente de mucho dinero, de mucha fama, de mucha hipocresía.

Un periódico sudamericano de amplia circulación, se preguntaba: "Datos que nacen de un "robo" son moralmente válidos? ¿Esa es la libertad de prensa que deseamos, que tenga patente hasta para robar, información?"

Nadie puede discutir el hecho: allí se informa del uso indebido sobre famosas empresas offshore, secretas, sean perjudicial para Estados, personas y hasta para familiares cercanos.
Pero ¿todas fueron usadas para hacer "el mal"?
Quién se encargó de estudiar cada caso y sentenciar?
Muy sencillo alguien que  -robó- y ¡que tuvo cómplices!

Pero ¿no se sabía antes, que existían estas famosas empresas?

Acá en Uruguay uno de los estudios contables más nombrados: ¿no era conocido por todos que, se dedicaba a este negocio?

Dicen viejos agentes de servicios de inteligencia mundial, por ej. de la CIA, que la inmensa mayoría de la información sobre lo que  se desea saber, esta al alcance de cualquiera persona. Ya en periódicos o en las actividad rutinaria de los individuos.

Lo mismo dijo hace poco el periodista H. Alconada en una entrevista para un canal argentino.

Método, seguimiento, paciencia, años de trabajo.
Ergo no se precisa "robar" o "infiltrar" nada para obtener información, en apariencia "secreta".

Todos estos papeles, papeleos y papelones se producen entre gente de alto poder adquisitivo,
los llamados ricos. 
Gente con millones y millones.
Solo importa a los cada vez más voraces Estados recaudadores, del signo que sean y a los propios ricos. 

De cuya ambición habría que hablar en otro artículo.

Pero lo que se ha hecho nada tiene que ver con la libertad de prensa, con la denuncia para cambiar el mundo y mucho menos para frenar el accionar de los super ambiciosos, que ya encontraran otra manera de seguir con sus escondites.

Los que con poco o ningún recurso tienen que litigar por sus derechos simplemente no lo hacen.

Un abogado por su sola presencia en una audiencia, les cobra quizás el salario del mes y si el pleito prosigue, debe endeudarse para tratar de que sus derechos sean reconocidos.

La sensación que estos Papeles de Panamá dejan al principio, es de asombro, no de que se oculte información por parte de los que tienen mucho 
dinero, sino es que sean tantos!

Y la última y más desagradable es la convicción de que después de esta divulgación, somos menos libres, tenemos cada vez menos derecho a nuestra privacidad.

De que los que juzgan nuestras vidas, son unos pocos. Apenas unos 300 periodistas alcanzaron para condenar al barrer, a un grupo de millonarios que no perderán su condición de tal por esta clamorosa publicación.