Dinero, Estado y políticos.-
Se van apagando los ecos de lo que se llamó "era del crecimiento de las naciones en desarrollo".
Antes cruelmente llamadas subdesarrolladas o directamente -pobres- en Latinoamerica.
También la - era progresista- que entre otras cosas tenía el fin de reducir ( no voy a poner eliminar, porque sería muy iluso) la pobreza.
Y la oportunidad existió. Las quejas cuando este comentarista era adolescente, eran que los partidos habían puestos leyes tapón.
Nadie accedería a los gobiernos de estas naciones sub-desarrolladas, si no pertenecían a la tradición.
Nadie que no fuera de los credos antiguos podría gobernar y si esa remota posibilidad se diera, no habría dinero, ni inversiones, para realizar la magnífica tarea.
Los poderosos no aceptaban renovación ni cederían el poder fácilmente. En los setenta a pesar del desgaste en la forma de -administrar- por parte de partidos añejos, con escasas ideas para salir de las crecientes crisis, todo parecía darle la razón a los opositores.
Ese fue el pretexto para que nacieron los movimientos guerrilleros. Todos ( como en el tristemente llamado plan Condor de las FFAA) coordinados entre si.
OLAS se llamo el congreso que las unió. Y así comenzó la guerra.
Las izquierdas los independientes o terceristas, ya no creían en la vía democrática de acceder al gobierno.
El error de tomar a Cuba como un ejemplo exitoso se pagó caro. En vidas, en desilusión, en desintegración social y familiar.
El ejemplo por demás NO resultó; hoy ni los Castros pueden negarlo.
Basta mirar algunas fotografías, de partes de La Habana y compararlas con Siria, un país en ruinas; tienen poca diferencia.
El tan mentado ejemplo produjo el efecto contrario: apareció en toda la América sureña un monstruo de mil fusiles:
las dictaduras militares; pocos fueron los países que se salvaron de la salvajada que, aún hiere a nuestras sociedades.
Lo impensado en los sesenta se dio: por las urnas con las leyes de juego tan criticadas en el pasado, nuevos partidos y frentes, que fueron ganando los gobiernos, en diferentes países.
Lograron en los últimos años ganar las elecciones.
No una sino dos y tres veces.
Una nueva generación colmaba las calles con sus banderas de esperanza, alegría y el diseño de un futuro aleccionador.
Y también, sorprendiendo a los más pesimistas, llegó el dinero. A raudales y de todas partes.
De pronto el mundo miraba a la América del Sur y por primera vez en décadas, y le compraba todos sus productos.
Llegaba a la región con deseos de invertir y no le importaba el signo del gobierno con el que debía entenderse.
El primer mundo inmerso en crisis insospechadas, se volvía generoso con los otrora -países atrasados-.
La gran ola. como las marinas, contaba con un flujo y un reflujo.
Nadie pareció prever el fenómeno, del reflujo, de la retirada.
Es propio de los que ocupan los sillones de gobierno, ver una realidad diferente a la que muchas veces, golpea ( pongo la palabra adrede) a los que viven en el llano.
Hoy 2016 empieza a caer el telón.
Lo que se está viendo no tiene buen color.
Las mejoras a los desposeídos, leitmotiv de todos los movimientos " avanzados" de 30 años atrás, se desvanecen, como la espuma de una ola que se va.
Las distancias entre los que tienen ( ya tenían) mucha riqueza y los que apenas llegan a un mínimo, se han acrecentado.
Pero la parte más abominable que la caída del telón está dejando en varios países del sur americano, es que, políticos, amigos de los mismos, familiares y "empresas" fundadas por los que estuvieron por décadas en el gobierno o cerca de él, son hoy poseedores de un enriquecimiento irritante.
Si, en el nombre de los "pobres" de los desposeídos que, engendró el " sistema capitalista, han montado, apropiándose de los ingresos del Estado, fortunas personales y a veces partidarias, que tira al suelo toda moral " revolucionaria".
Midiendo en la escala de valores peor que, "los enemigos" a los que decían querer derrotar.
Justificando estos errores como "chambonadas" pasajeras.
Negando una y otra vez la porfiada realidad de los
-hechos-.
La desesperanza es grande y es desear que esta mito-manía, de robar en nombre de la "causa" del "proyecto" del "programa popular", sea prontamente sepultada bajo el martillo implacable de la justicia.
Para que este espacio, nuevamente vacío, no sea ocupado otra vez, por lo peor de la sociedad, como fue el fenómeno militarista, de la década de los ochenta:
la ambición, la manía del dinero "de los otros", en este caso del Estado, que somos todos nosotros, repito, debe ser desterrada al menos por la parte sana de nuestros pueblos.
La que debe hacerse sentir, es la mayoría silenciosa, que siempre soporta; que soportará, el reflujo, de las olas de un mar que se presentó lleno de esperanza.
Se debe terminar la tolerancia, el silencio, el no te metás.
Los pueblos tenemos que defendernos de los políticos o partidos que, aman más sus posiciones particulares, que los intereses de los más.
La desilusión de los cambios no alcanzados, debe alentarnos a nuevas formas de resistencia, de expresión. Los ciudadanos debemos aprender a actuar sin esperar a que un "caudillo" mesiánico o una pésima teoría neo-socio-mentirosa, nos prometa una mundo mejor.
Sólo dependemos de nosotros mismos para salir de la gran crisis que asoma en el horizonte.
Que embarra a la economía, la moral y la ética en la mayoría de los Estados de América Latina.
Nuestras sociedades han avanzado algo en tecnología, en un desarrollo desparejo, pero desarrollo al fin que. no solo moderniza nuestras ciudades.
Pone en manos de los ciudadanos las decisiones de en que mundo deseamos vivir!
La responsabilidad ahora es también nuestra!
También la - era progresista- que entre otras cosas tenía el fin de reducir ( no voy a poner eliminar, porque sería muy iluso) la pobreza.
Y la oportunidad existió. Las quejas cuando este comentarista era adolescente, eran que los partidos habían puestos leyes tapón.
Nadie accedería a los gobiernos de estas naciones sub-desarrolladas, si no pertenecían a la tradición.
Nadie que no fuera de los credos antiguos podría gobernar y si esa remota posibilidad se diera, no habría dinero, ni inversiones, para realizar la magnífica tarea.
Los poderosos no aceptaban renovación ni cederían el poder fácilmente. En los setenta a pesar del desgaste en la forma de -administrar- por parte de partidos añejos, con escasas ideas para salir de las crecientes crisis, todo parecía darle la razón a los opositores.
Ese fue el pretexto para que nacieron los movimientos guerrilleros. Todos ( como en el tristemente llamado plan Condor de las FFAA) coordinados entre si.
OLAS se llamo el congreso que las unió. Y así comenzó la guerra.
Las izquierdas los independientes o terceristas, ya no creían en la vía democrática de acceder al gobierno.
El error de tomar a Cuba como un ejemplo exitoso se pagó caro. En vidas, en desilusión, en desintegración social y familiar.
El ejemplo por demás NO resultó; hoy ni los Castros pueden negarlo.
Basta mirar algunas fotografías, de partes de La Habana y compararlas con Siria, un país en ruinas; tienen poca diferencia.
El tan mentado ejemplo produjo el efecto contrario: apareció en toda la América sureña un monstruo de mil fusiles:
las dictaduras militares; pocos fueron los países que se salvaron de la salvajada que, aún hiere a nuestras sociedades.
Lo impensado en los sesenta se dio: por las urnas con las leyes de juego tan criticadas en el pasado, nuevos partidos y frentes, que fueron ganando los gobiernos, en diferentes países.
Lograron en los últimos años ganar las elecciones.
No una sino dos y tres veces.
Una nueva generación colmaba las calles con sus banderas de esperanza, alegría y el diseño de un futuro aleccionador.
Y también, sorprendiendo a los más pesimistas, llegó el dinero. A raudales y de todas partes.
De pronto el mundo miraba a la América del Sur y por primera vez en décadas, y le compraba todos sus productos.
Llegaba a la región con deseos de invertir y no le importaba el signo del gobierno con el que debía entenderse.
El primer mundo inmerso en crisis insospechadas, se volvía generoso con los otrora -países atrasados-.
La gran ola. como las marinas, contaba con un flujo y un reflujo.
Nadie pareció prever el fenómeno, del reflujo, de la retirada.
Es propio de los que ocupan los sillones de gobierno, ver una realidad diferente a la que muchas veces, golpea ( pongo la palabra adrede) a los que viven en el llano.
Hoy 2016 empieza a caer el telón.
Lo que se está viendo no tiene buen color.
Las mejoras a los desposeídos, leitmotiv de todos los movimientos " avanzados" de 30 años atrás, se desvanecen, como la espuma de una ola que se va.
Las distancias entre los que tienen ( ya tenían) mucha riqueza y los que apenas llegan a un mínimo, se han acrecentado.
Pero la parte más abominable que la caída del telón está dejando en varios países del sur americano, es que, políticos, amigos de los mismos, familiares y "empresas" fundadas por los que estuvieron por décadas en el gobierno o cerca de él, son hoy poseedores de un enriquecimiento irritante.
Si, en el nombre de los "pobres" de los desposeídos que, engendró el " sistema capitalista, han montado, apropiándose de los ingresos del Estado, fortunas personales y a veces partidarias, que tira al suelo toda moral " revolucionaria".
Midiendo en la escala de valores peor que, "los enemigos" a los que decían querer derrotar.
Justificando estos errores como "chambonadas" pasajeras.
Negando una y otra vez la porfiada realidad de los
-hechos-.
La desesperanza es grande y es desear que esta mito-manía, de robar en nombre de la "causa" del "proyecto" del "programa popular", sea prontamente sepultada bajo el martillo implacable de la justicia.
Para que este espacio, nuevamente vacío, no sea ocupado otra vez, por lo peor de la sociedad, como fue el fenómeno militarista, de la década de los ochenta:
la ambición, la manía del dinero "de los otros", en este caso del Estado, que somos todos nosotros, repito, debe ser desterrada al menos por la parte sana de nuestros pueblos.
La que debe hacerse sentir, es la mayoría silenciosa, que siempre soporta; que soportará, el reflujo, de las olas de un mar que se presentó lleno de esperanza.
Se debe terminar la tolerancia, el silencio, el no te metás.
Los pueblos tenemos que defendernos de los políticos o partidos que, aman más sus posiciones particulares, que los intereses de los más.
La desilusión de los cambios no alcanzados, debe alentarnos a nuevas formas de resistencia, de expresión. Los ciudadanos debemos aprender a actuar sin esperar a que un "caudillo" mesiánico o una pésima teoría neo-socio-mentirosa, nos prometa una mundo mejor.
Sólo dependemos de nosotros mismos para salir de la gran crisis que asoma en el horizonte.
Que embarra a la economía, la moral y la ética en la mayoría de los Estados de América Latina.
Nuestras sociedades han avanzado algo en tecnología, en un desarrollo desparejo, pero desarrollo al fin que. no solo moderniza nuestras ciudades.
Pone en manos de los ciudadanos las decisiones de en que mundo deseamos vivir!
La responsabilidad ahora es también nuestra!
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