martes, 15 de marzo de 2016

                                 No Mentirás

                           Octavo Mandamiento

Cada sociedad se rige por códigos y leyes cuyos orígenes, se remontan a la antigüedad.
Pueden tener origen en los griegos, romanos, en el derecho anglosajón o norteamericano.
Excepción hecha de aquellos Estados religiosos donde su ordenamiento suele ser, fundamentado por la ley " divina" y rige como en los primeros siglos de la humanidad, con una severa autoridad la vida de sus ciudadanos.

Esto es los que tiene como protagonista en forma especial a, parte de la religión musulmana, se diferencia de los Estados donde aún( no son pocos) la religión católica suele ser la que predomina, pero no toma una forma, tan severa en el diario convivir.

Lo interesante en los países como el uruguayo, en que se ha separado lo religioso del Estado, y se definen como laico, es que sus código de convivencia a nivel jurídico, mantienen muchas de las primitivas leyes que ordenaron a las viejas tribus del desierto; embriones de lo que hoy los historiadores llaman - la sociedad moderna-.

Observamos en la historia como nos la cuentan algunos historiadores religiosos, a aquel viejito barbudo, de pelo muy largo, que se ausentó y refugio en las montañas cercanas a donde, se reunía con sus seguidores; apareció luego de muchos días de meditación, o comunicación con su dios, la solución a la profunda lascivia, descontrol, adoración de dioses "falsos" y bacanales de todo tipo, que en ellos había.

Lo que hoy llamamos simplemente una"orgía".

El simpático personaje que los textos sagrados mencionan como Moisés,  es que dejo a todos sus seguidores atónitos cuando en una rústica madera, quizás de dos hojas o una, no lo sabemos, les mostró lo que el señor dios, todopoderoso y enojado le pedía:
- seguir diez mandamientos para ganarse su simpatía,  ganarse el cielo, o lo que es lo mismo - la salvación- eterna.

Nuestra moderna sociedad también impuso duros castigos, en sus códigos y leyes, para actos que distorsionan la convivencia de los humanos.
Muy fuertes penas por matar a un semejante, por robar, desde pequeñas a grandes cosas, por no respetar a nuestros progenitores...

Olvidando por un instante las penas sobre las faltas religiosas, se diría que Moisés fue un legislador muy avanzado que sabía el daño que producían ciertas conducta para la comunidad.

Y como no podía ser de otra manera, también mencionó y prohibió:  LA MENTIRA. 

En algunos textos dice: No difamarás. Algo que sale a luz mas que nada en ámbitos políticos o de la prensa cuando las noticias afectan a grandes personalidades, o viceversa.

Pero el hecho es que nuestros códigos son bastantes benévolos con esta falta. Pocas veces vemos que los jueces fallen con Cinco o Diez años de prisión para quién se le compruebe que ha mentido, y con ello dañado a sus semejantes o alguna persona en particular
Será por eso que de niños a mayores: Yo miento, tu mientes, él miente, nosotros mentimos: - Todos mentimos-, y las sanciones son leves, o nulas.

Parafraseando al conocido cómico mexicano quien decía que había ideas, ideitas e ideotas;
podríamos decir que hay mentiras, mentiritas y mentirotas!

La más dura es a la sociedad cuando el que practica este verbo es alguien que ocupa una jerarquía elevada en la misma.

Así  Obispos, Papas, grandes artistas, deportistas de élite y políticos, cuando mienten y tarde o temprano se sabe, son duramente reprochados por su conducta.

Pero aún descubiertos en su mentira, ligera, piadosa ( a veces) o grave, los jueces  y  códigos no alcanzan a separar de la sociedad a dichos infractores infractores, como peligrosos para sus semejantes.

Solo hay una gran condena social que el tiempo irá desdibujando en la memoria de los afectados, y de la sociedad en su conjunto.

Al punto tal que muchas veces, se repite la acción y con todo descaro o simpatía: nos vuelven a MENTIR.

Pero hay una condena interior, eso que los psicólogos llaman conciencia, los religiosos alma, y los ateos "interior profundo", donde el hecho no se olvida.
Todos los día te repite la frase:
" Mentiste, engañaste..."

Es como una pequeña piedra que se introdujo en nuestro cuerpo físico; al principio sólo nos produce una pequeña molestia.

Luego al hacerse más grande ya es un malestar que nuestra cara y nuestros ojos trasmiten al exterior, aunque no nos demos cuenta:" confieso que he mentido".

No siempre se expresa en palabras, pero está allí siempre presente.

Y un buen día es tan grande su peso, que nos hace inclinar poniéndonos pie a tierra, en una variedad infinita de formas.

Al dejar pasar mucho tiempo ya no alcanza con expresar nuestro error, la MENTIRA, se ha hecho cargo de nuestra vida y nos destrozará el porvenir o lo pueda quedar de él.

Habrá sido letal ya, no Mentir, sino seguir nuestra vida, como si nada hubiéramos hecho.

En el lenguaje de los códigos y de las leyes que nos rigen, es como una cadena perpetua que nos auto - impusimos y que nos acompañará siempre.

Solo para salir del paso, para evitar un mal momento o por intereses mezquinos del grupo social y/o político al que pertenecemos.

Nadie pues, está libre de esta pequeña piedra que crece y crece en nuestro interior y que los jueces no penalizan:

LA MENTIRA

Junto con ella, no hundiremos paso a paso en el lodo, que hará de nuestras vidas un camino cada vez más pesado de transitar.

Moisés fue un legislador muy sabio.-




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